sábado, 3 de noviembre de 2007

VIGENCIA Y FUTURO DE LA POLITICA


La política en el último siglo en el Perú ha sido tomada de diferentes maneras, que han ido desvirtuando su verdadero concepto, llevándolo por un camino inequívoco, es por ello que en este capítulo haremos contrastaciones que nos llevaran a entender y sacar nuestras propias conclusiones sobre lo que hoy en día se entiende por política
Así pues hace más de 100 años, pensadores como José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Víctor Andrés Belaunde, apostaron por la construcción de un país, visto más como Nación que como territorio. Cada uno con posturas, pensamientos y acciones diferentes, expresados en libros como: “7 ensayos de la realidad peruana”, “peruanidad” y “espacio tiempo histórico”. Buscaban llevar a cabo el sueño de una sociedad más justa. ; para ello convirtieron universidades, fábricas, escuelas, revistas y periódicos en verdaderos espacios de debate; la discusión estaba centrada entorno a la problemática nacional y la preocupación por encontrar una posible solución y salida como país.
Hacer política, era para ellos organizar movimientos, sindicatos, federaciones, el producir literatura, discursos, manifiestos, era el plantear ensayos y estudios que posibiliten entender nuestra realidad, era debatir ideas, era crear, movilizar, educar, confrontar, pero por encima de todo, era ser honesto, no sólo en el sentido económico, es decir, no ser ladrón, sino ser honesto con sus ideales, sus propuestas, sus ideas, ser honesto consigo mismo y con el país.
Un siglo después, se presenta la imagen más ensuciada y desprolija de la política. Se ha convertido el quehacer político en sinónimo de robo, engaño, abuso, desigualdad e injusticia. La práctica de la política en nuestros días es desorganizar, corromper, no educar, confundir, ocultar, no debatir, pelear. Y su medio preferido es la televisión.
Por último, en la actual “clase política”, ha podido más el afán desmedido y personal de poder que la lógica construcción de acuerdos nacionales en conjunto.
Si hiciéramos un pequeño sondeo para conocer cual es la opinión de la sociedad civil, referido a la palabra “Política” ; las respuestas girarían en torno a términos como: corrupción , fraude, robo , beneficio personal, suciedad, desilusión , desorganización, indignación,etc . Esta percepción de la política y “los políticos” no es nueva, ya que desde hace bastante tiempo se la concibe de esta manera.

Lo que sostenemos es que la política a llegado a una crisis tal , que la opinión de la gente queda corta para expresar lo que se manifiesta en la realidad ; ya que hemos dado un paso más allá trascendiendo ampliamente las percepciones de desagrado.
Creemos que debe causar preocupación el repetido fracaso de la política en democracia para organizar la vida nacional, para consolidar acuerdos, solucionar problemas y construir convivencia en paz. Pasan los años y el Perú de Basadre sigue siendo problema, más que posibilidad.
La política ha dejado de ser objeto, convirtiéndose en un principio cada vez más vacío que carece de valor de postulación y menos de exigencia. La política ya no es algo tangible, resulta ser un mero recurso cuya práctica se ha vuelto tan cotidiana que se perdió su esencia en un proceso carente de sentido y orden. Nos queda solamente recuperar su práctica y reordenar su teoría.
Reconquistar los valores de la política involucra una práctica ardua que vaya más allá de las orientaciones tradicionales, procurando no llegar nuevamente a los conceptos idealistas, por el contrario, debemos "aterrizar" el pensamiento político en conceptos aplicables con objetivos y resultados propios de nuestros tiempos.
Finalmente se puede afirmar que la política debe nutrirse de un esquema interpretativo que ubique en el centro analítico a los problemas humanos.
Una mirada a las últimas cuatro décadas es bastante ilustrativa. En estos años cada vez que la política fracasó en democracia, llegaron los que se vendieron como salvadores providenciales, pero que describiremos a partir de tres personajes: Juan Velasco Alvarado, Abimael Guzmán Reynoso y Alberto Fujimori Fujimori que marcaron la historia política de nuestro país.
El gobierno militar de Velasco Alvarado, fue directa consecuencia de uno de nuestros fracasos democráticos. Después de décadas de dictaduras y gobiernos excluyentes, el primer gobierno de Belaunde despertó muchas ilusiones de inclusión social, reforma y modernización en democracia. En mucho por una oposición en el Congreso que obstruyó tenazmente todo cambio, el gobierno fue perdiendo voluntad y posibilidad de hacerlos. La ilusión acabó en frustración, terminó en crisis y con una extendida percepción de inmoralidad en el manejo de la hacienda pública
Así vino el golpe del 68. Con la siguiente premisa: “La política había fracasado es ahora el tiempo del no-partido y de la democracia social de participación plena”. Una década después los problemas del Perú eran otros.
Y apareció Sendero Luminoso con Abimael Guzmán, sosteniendo que la política no sirve y que la fuerza es el mejor argumento. No hay que olvidar que hace poco tiempo el Perú fue capaz de producir una violencia que, de acuerdo a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, costó la vida a 69,000 personas.
En 1990 el país estaba debilitado. Sufríamos la crisis económica más feroz de nuestra historia y la violencia parecía ya incontrolable; se asociaba ya a la política con incompetencia, frivolidad, corrupción y fracaso. Una situación que nos llevó como por un tubo a los brazos de Fujimori.
Se culpaba a la democracia por todos nuestros males así como a los políticos tradicionales. Se planteó, que desde arriba y por la fuerza, los problemas del Perú se podrían resolver. La economía se ordenó y la violencia se controló. La gente tenía la percepción de que el cambio se estaba logrando; la vana ilusión de siempre; tal y como sucedió en el gobierno de Velasco. Pero tras esta ilusión se encontraba nuestro país sumido en un mar de corrupción; esto se podría apreciar en todos los estratos de la sociedad.
En la actualidad, se percibe en la población el temor de que de nuevo la política pude fracasar. La frivolidad, la voracidad y la mediocridad de nuestra clase política es más chocante; ya que existen posibilidades y demanda por parte de la ciudadanía para la producción de reformas institucionales que hagan nuestra democracia viable.
Para empezar, había que emprender la reforma de la Justicia; luego las de la Seguridad y la Defensa.

FUTURO DE LA POLÍTICA

Para darle un vuelco total a la política, se debe crear condiciones mínimas para atraer a su ejercicio a gente con mayor vocación de; reformándola, para que las instituciones sean más eficientes y legitimadas. Para ello hay muchas medidas en discusión al respecto y se han dado ya los primeros pasos con normas destinadas a exigir democracia interna y transparencia financiera a los partidos.
Habría que renovar el Congreso por tercios o mitades, para evitar la penosa situación en la que los Padres de la Patria, al poco tiempo, no pueden siquiera regresar a su localidad de origen por temor al parricidio.
Estos cambios no bastarían; se requiere conseguir que la democracia produzca resultados y signifique algo para la gente. La democracia, tiene que hacer suyo el drama humano y ese desafío ético, actuando con verdadera solidaridad y austeridad. En esa línea se necesita conjugar el importante crecimiento económico que empezamos a tener, y que es indispensable promover y defender, con políticas específicas y eficaces frente a la pobreza y la desigualdad.
Por último debemos asumir responsabilidades. La pasividad y distancia que la gran mayoría tiene frente a la política y el manejo de lo público nos hace co-rresponsables de lo que ocurre; mientras nos sintamos, sólo como espectadores con derecho a amargarnos por cada previsible derrota de la bicolor, la política no va a cambiar.
Solamente con participación, presión y movilización enérgica de opinión pública y sociedad civil se pueden conseguir algunos cambios. En particular las universidades que tienen mucho que decir y aportar.
Nuestros gobernantes padecen de una confusión ideológica respecto a la realidad de nuestro país y sobre todo acerca de la necesaria reforma del Estado, que nos permita pasar de un Estado colapsado, centralista, perverso y corrupto; ha un Estado descentralizado que luche por el bienestar de la sociedad.
El desafío presente, marcado por la discusión que existe en relación a lo local y lo global, a los nuevos escenarios, enfoques y propuestas sobre la descentralización, el desarrollo local sostenible, el desarrollo humano, las características de los nuevos gobiernos regionales, su integración, la planificación estratégica; la gestión sostenible de los recursos naturales, la lucha contra la pobreza y los retos que implican el desarrollo integral y armónico de la totalidad del territorio nacional, gobernabilidad regional y local, ciudades y ciudadanía, los nuevos conceptos sobre gerencia y liderazgo social, y el reto de construir sociedades de información.
Constituyen una gran limitación, que requiere ser superada con urgencia, ya que observamos que nuestras autoridades confunden el proceso de Reforma del Estado y no deja de ser cierto, que la falta de un diseño previo y la "visión de un Perú Descentralizado" viene entorpeciendo y deteniendo el proceso, sin tener en cuenta la participación ciudadana y la de los actores regionales y local en forma subsidiaria.

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